Comercio electrónico y alimentación: luces y sombras de una alianza digital

Tras el “subidón” de la pandemia, el canal online se ha consolidado como una opción más, sobre todo entre los jóvenes. La omnicanalidad (comprar online, recoger en tienda, apps de última milla…) ha llegado para quedarse, pero persisten desafíos: etiquetado digital, info confiable frente a “fake news”, y necesidad de modelos logísticos y normativos que protejan derechos y datos del comprador.

  1. Comercio electrónico y alimentación, un matrimonio con altos y bajos.

Pese a que ha experimentado un alza desde el inicio hasta la Pandemia donde explotó como una solución segura, parece que ha perdido algo de fuerza. No osbtante, se ha consolidado como una herramienta más para la compra de aliementos que sobre todo los más jóvenes utilizan por su comodidad y las ofertas que encuentran.

2. Los Jóvenes impulsan la digitalización.

Las nuevas generacionen nos traen nuevas tecnologías. Siempre aha sido así, y así será también en la compra de aliemntación. El uso de internet para buscar información, las Apps, el etiquetado digital, etc… es algo que poco a poco se va normalizando en la sociedad pero que en el caso de los jóvenes es algo de uso frecuente.

3. Nadamos entre la tradición y la modernidad.

Cada vez disponemos y hacemos uso de mayor número de herramientas para realizar la compra de alimentos. Podemos acudir presencialmente a realizar la compra, o comprar online y recoger en tienda, o comprar en tienda y que nos lo lleven a casa, o directamente comprar online y que lo sirvan en nuestro domicilio. Podemos usar Apps complementarias del establecimiento, o comprar a través de empresas dedicadas a recibir y transportar el pedido de un modo más rápido o personalizado. Hay multitud de opciones que se adaptan a todas las circunstancias. La omnicanalidad está aquí para quedarse.

4. Con las cosas de comer, no jugamos.

Es un sector poco conflictivo, y consumidores y distribuidores resuelven sus problemas de manera rápida y directa, sin apenas intermediarios, y solo en caso de que el problema no se resuelva o sea más grave de lo habitual, se recurre a Asociaciones de Consumidores, o Administraciones de Consumo. Todos sabemos de la importancia de los productos que ponemos en la mesa y no queremos jugárnosla. Es por  eso que se trata de un sector muy regulado y vigilado, y cuyos problemas no son muchos y se resuelven generalmente rápido y bien.

5. La plasticidad del consumidor español  es inmejorable.

Hemos visto como en los diferentes momentos que esta década ha planteado a los consumidores, ´éstos han aceptado el reto y se han adaptado a cada vicisitud, con la actitud necesaria para poder seguir llenando su cesta de la compra de manera eficiente, segura, sostenible y saludable. Con sus pequeños defectos, pero con las virtudes necesarias para seguir avanzando. Esto demuestra una gran plasticidad de los consumidores a la hora de cambar sus demandas y preferencias, y del sector a la hora de amoldarse a ellas.

6. Necesitamos un cambio en el etiquetado.

En estos 10 años, no hemos avanzado en el etiquetado. Pese a que sigue siendo la principal fuente de información, hay cuestiones que no se han resuelto aún. Somos conscientes de que la normativa es la que es, pero también es cierto que se pueden apoyar modelos complementarios que apuntalen las demandas de los consumidores. Hoy en día, las nuevas tecnologías deben ayudarnos a llegar más allá con el etiquetado, de una manera sencilla y eficaz, y es algo que debemos plantear ya.

7. Demasiada información confusa.

Cada vez vemos como circula más información por redes sociales y plataformas de contenido cuya única finalidad no es informar, sino forzar visualizaciones que monetizar. Pero el hecho es que esto está contribuyendo a crear mucha más confusión que claridad y el impacto que esto tiene en los consumidores es muy nocivo, ya que hemos visto como cada vez estamos más desorientados , o incluso indiferentes hacia la información que recibimos. Necesitamos cooperar entre todos para crear un entorno informativo transparente, veraz e imparcial, donde al menos la información básica de Seguridad, Sostenibilidad, Responsabilidad social, Información nutricional, Alegaciones nutricionales, y alérgenos, sea confiable. Un espacio real donde el consumidor pueda acudir sin miedo a resolver sus dudas.

8. Hemos aprendido a ser saludables, pero nos cuesta aplicarlo.

Los españoles en general tenemos aprendidos conceptos básicos de alimentación saludable. Las campañas de las Administraciones públicas sobre diversas cuestiones relacionadas con la alimentación, han calado en los consumidores, y el trabajo realizado por entidades como la MPAC  y las Asociaciones de Consumidores, han servido para que los ciudadanos tomen conciencia. No obstante, aplicarlo no es tan sencillo. A lo largo de estos años, hemos visto como crisis económicas, pandemias, problemas energéticos y de materias primas, fake news, y crisis alimentarias, han entubiado la relación de los ciudadanos con los alimentos y la dieta equilibrada. Cada ciudadano tiene unas circunstancias personales y específicas que a veces le pueden impedir ser todo lo saludable que desearía…La economía familiar, el trabajo, problemas personales, salud mental, vulnerabilidad, desconocimiento, falta de acceso a información veraz, etc…son factores que influyen en la toma de decisiones para llenar el carro de la compra.

9. La preocupación por el medioambiente, no ha dejado de preocuparnos.

Pese a todos los problemas ya mecionados con los que hemos lidiado en esta década, y pese a los altibajos normales derivados de ello, el Medio ambiente, la sostenibilidad, nos preocupa y en la medida de los posible, lo tenemos encuenta en nuestra cesta de la compra, e incluso, después, en el llamado postconsumo.

10. Queremos ser responsables socialmente pero necesitamos encontrar el momento.

Los españoles estamos comprometidos con todo tipo de cuestiones solidarias relacionadas con los productos que compramos, pero según los momentos, nos implicamos más o menos, ya que al final del día, nuestro principal objetivo es poder llenar el carro de la compra, y el precio juega un papel crucial. Si los productos socialmente responsables resultan más caros, nos cuesta más en general acudir a ellos. Cuando las situaciones socio económicas son más favorables, son más los que se suman al consumo de estos productos. Es decir, en general, nos preocupal la Responsabilidad social, pero actuamos cuando el bolsillo lo permite.